El sector energético dominicano vive un punto de inflexión, en el que la transición ya no es solo verde; es cuestión de seguridad nacional, competitividad económica y sostenibilidad de crecimiento.
Bajo la premisa de navegar la «era de la incertidumbre», nuestro más reciente desayuno empresarial reunió la visión estratégica del gobierno, la experiencia operativa del sector privado y el enfoque financiero de la banca. El resultado fue una radiografía de los avances logrados y los desafíos que definirán la próxima etapa del sistema.
Crecimiento energético como política de Estado

La jornada inició con la intervención magistral de Joel Santos, ministro de Energía y Minas, quien destacó que el país vive una transformación profunda en su matriz energética.
Solo en 2025, el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado incorporó 1,138 megavatios (MW), lo que representó un crecimiento de la capacidad instalada superior al 15 % en un solo año. Este salto cuantitativo ha permitido que la participación de fuentes solar y eólica pase del 11 % en 2020 al 29 % en 2025.
El funcionario subrayó que esta diversificación ha reducido la dependencia de combustibles fósiles del 88 % en el año 2000 a menos de un 10 % de dependencia directa del petróleo en la actualidad. No obstante, el crecimiento trae consigo «dolores de crecimiento», manifestados en la necesidad de modernizar la regulación de 2001 y fortalecer la infraestructura de transmisión.
Asimismo, destacó la relación directa entre energía y crecimiento económico, especialmente en sectores de alto valor agregado como la industria tecnológica, lo que posiciona al sistema eléctrico como un habilitador clave del desarrollo futuro.
“Invertir en energías renovables no es solamente apostar a un futuro más limpio, es apostar por seguridad energética, competitividad económica y desarrollo sostenible”, Joel Santos, ministro de Energía y Minas.
La visión del sector privado
El primer panel, moderado por Rafael Zapata, de Electrotex del Caribe, puso sobre la mesa la perspectiva de quienes ejecutan las obras. Lucy Peralta, de Acciona Energía, fue enfática al señalar que el 100 % de la expansión reciente en renovables es atribuible a la inversión privada, motivada por la estabilidad macroeconómica y la transparencia en los procesos de permisos.
Sin embargo, Gustavo Vergara, de GP Capital Partners, señaló que el sector enfrenta pérdidas millonarias debido al vertimiento o curtailment —energía generada que no puede ser inyectada a la red por saturación o falta de demanda—, una ineficiencia que, advirtió, afecta la credibilidad ante los bancos y podría elevar el costo financiero de futuros proyectos.
Del lado del gobierno, Santos aclaró que el vertimiento es una situación coyuntural que se aliviará con la entrada de nuevos sistemas de almacenamiento. Para el verano de 2026, se espera la operación de 138 MW en baterías, lo que permitirá gestionar los excedentes de energía renovable en horas pico.
Por otro lado, los panelistas señalaron que la brecha entre los modelos financieros y la realidad operativa es cada vez más evidente, pues factores sociales, logísticos y de integración al sistema eléctrico se han vuelto determinantes. Carlos Rodríguez, de Elecnor, explicó que el éxito de la inversión extranjera depende de la anticipación logística.

El sector bancario toma la palabra
La advertencia sobre el impacto del vertimiento encontró eco en el segundo panel, donde la banca delineó el escenario para el financiamiento del sector.
Bajo la moderación de José Maldonado Stark, de Russin, Vecchi & Heredia Bonetti, Laura Sanchís, del Banco Popular Dominicano, destacó los fondos verdes y los préstamos con KPIs de sostenibilidad, que ofrecen reducciones de tasa a cambio de impacto social real en las comunidades. Rosa Romero, del Banco BHD, explicó que la entidad ha extendido los plazos hasta 15 años, adaptándose a la naturaleza de los proyectos de energía. Desde la perspectiva multilateral, Mariana Ruiz, del Banco Europeo de Inversiones (BEI), resaltó que la sostenibilidad es el eje central, aplicando estándares climáticos rigurosos que atraen sinergias de conocimiento global.
No obstante, los problemas operativos, como el vertimiento, afectan los flujos de caja y elevan el riesgo de las iniciativas energéticas. En ese sentido, Katherine Rosa advirtió sobre la falta de contratos PPA a largo plazo y señaló que los futuros desarrollos deberán financiarse con estructuras más complejas en el mercado spot, lo que exigirá mayor solidez de los promotores y una regulación que permita monetizar servicios adicionales como el almacenamiento en baterías.

Todos los expositores estuvieron de acuerdo en que República Dominicana ha logrado atraer capital gracias a su estabilidad política y apertura pro-negocios. El reto ahora es armonizar ese crecimiento con un sistema capaz de absorber, distribuir y monetizar esa energía de forma eficiente. Como señaló el ministro: “El sector energético está viviendo hoy lo que el turismo vivió hace 25 años, una maduración que transformará definitivamente la economía nacional”.
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