En la economía contemporánea, el valor de una organización ya no se mide exclusivamente por la robustez de sus balances financieros o sus niveles de liquidez. Hoy, los activos intangibles, como la reputación, la confianza, la legitimidad social y la marca, representan el mayor porcentaje del valor de mercado de las empresas y operan como un escudo protector en tiempos de incertidumbre.
En Villafañe defendemos firmemente que lo que no se mide, no se puede gestionar, y lo que no se gestiona, tiende a deteriorarse. Bajo esta premisa metodológica, hemos desarrollado, junto a la firma de investigación Venka, el informe «La reputación bancaria en República Dominicana. Radiografía estratégica por parte de sus principales stakeholders». Este estudio pionero es una auditoría técnica y multifactorial que analiza, por primera vez con rigor científico, cómo los diferentes grupos de interés perciben y evalúan al motor financiero del país.
La reputación de la banca dominicana es fuerte, pero aún debe conquistar la percepción ciudadana
Los resultados del informe revelan una realidad dual muy instructiva para los tomadores de decisiones, incluidos los miembros de la Cámara Oficial de Comercio de España en República Dominicana. Por un lado, el sector bancario cuenta con un reconocimiento excepcional entre quienes poseen un conocimiento técnico y profundo del negocio. Los directivos de la propia banca otorgan al sector una calificación media de 8,25 sobre 10, mientras que el público altamente informado, es decir, personas capaces de procesar datos complejos e influir directamente en las corrientes de opinión pública, líderes de opinión prescriptores, sitúan su valoración en un sólido 8,00.
Estas cifras reflejan que la banca dominicana es un sistema maduro, solvente, eficiente y con equipos humanos de altísima competencia. Sin embargo, al cruzar la mirada hacia la población general bancarizada, la nota desciende a un 6,95.
Desde la perspectiva de la ciencia de la reputación, esta diferencia de valoraciones no debe leerse como un suspenso, sino como una brecha de percepción. Las brechas de percepción ocurren cuando la realidad interna y el desempeño técnico de un sector viajan a una velocidad muy superior a la capacidad del ciudadano común para asimilar y sentir esos beneficios en su día a día.
El gran desafío que afronta la banca dominicana no es de solvencia, sino de transferencia de valor; el reto crucial radica en acercar de manera tangible su innegable contribución económica al bienestar social percibido.
El gran desafío que afronta la banca dominicana no es de solvencia, sino de transferencia de valor; el reto crucial radica en acercar de manera tangible su innegable contribución económica al bienestar social percibido.
Los dos desafíos que definirán la reputación de la banca en los próximos años
Para los empresarios e inversores españoles con intereses en el país, comprender esta dinámica es fundamental. La estabilidad de un mercado no solo depende de marcos regulatorios seguros, sino de la legitimidad social de sus instituciones financieras. El informe identifica con precisión dos vectores transversales donde la banca debe concentrar sus esfuerzos estratégicos para cerrar la brecha y consolidar su licencia social para operar: la inclusión financiera y la ciberseguridad.
Comencemos por la inclusión. Mientras que los expertos y directivos enfocan la inclusión desde una perspectiva macroeconómica (bancarización, educación financiera y acceso al crédito para colectivos vulnerables), la sociedad civil y el tejido empresarial local demandan un enfoque mucho más cercano y aplicado. Específicamente, el ciudadano dominicano reclama un mayor acompañamiento y flexibilidad crediticia para las pequeñas y medianas empresas (pymes).
Las pymes constituyen el corazón del empleo en el país, y para los miembros de CAMACOES RD, muchas de las cuales forman cadenas de valor con estos proveedores locales, una banca que apoye activamente al microempresario dinamiza todo el ecosistema comercial. La inclusión financiera ya no puede ser vista como una acción aislada e integrada en un marco general ESG; debe ser gestionada como un indicador clave de negocio que impacta directamente en el indicador de «contribución al país», uno de los pilares que más peso tiene en la construcción de la reputación de un banco.
El segundo vector crítico es la ciberseguridad, un terreno donde el riesgo operativo y el riesgo reputacional se fusionan por completo. La transformación digital ha acelerado los canales de atención, pero también ha amplificado las vulnerabilidades percibidas. Los datos del informe son contundentes y exigen atención inmediata: el nivel de preocupación de la población general ante un fraude digital alcanza un alarmante 8,70 sobre 10, y uno de cada cinco dominicanos afirma haber experimentado algún tipo de incidente cibernético en sus servicios bancarios.
En la gestión de intangibles, el miedo y la desconfianza digital minan la base misma del negocio bancario: la seguridad de los depósitos y la privacidad. Los líderes del sector no solo deben invertir en infraestructuras tecnológicas robustas y blindadas; tienen la obligación reputacional de educar al usuario y comunicar de manera transparente sus protocolos de protección. La ciberseguridad ya no es solo un asunto del departamento de tecnología; es un pilar reputacional básico para salvaguardar la confianza del cliente.
La urgencia estriba ahora en evolucionar de la rentabilidad financiera a la rentabilidad social, asegurando que el crecimiento de los activos bancarios se traduzca de forma directa en equidad, apoyo al emprendimiento, digitalización segura e internacionalización de la marca país.
En conclusión, la banca dominicana goza de una salud institucional envidiable y de la confianza plena de sus reguladores y expertos. El camino hacia adelante exige transformar esa envergadura técnica en cercanía emocional y social. Gestionar la reputación mediante métricas rigurosas permitirá a las entidades financieras anticiparse a las expectativas de la sociedad civil, mitigar riesgos y diseñar estrategias de negocio alineadas con las demandas reales de los ciudadanos. Para la comunidad empresarial, contar con una banca que no solo sea fuerte, sino que también sea percibida como justa, inclusiva y protectora por su pueblo, es la mayor garantía de un crecimiento económico sostenible y compartido a largo plazo.
Por Elena Crespo | Villafañe.
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