Cada enero es un comienzo lleno de nuevos propósitos, nuevos planes, nuevas estrategias. Si usted ha retornado a su empresa con este impulso, está manifestando lo que la ciencia del comportamiento llama efecto del nuevo comienzo o ‘fresh start effect’.
Comprender cómo funciona este fenómeno puede marcar la diferencia entre iniciativas que se queden en intenciones y aquellas que realmente transformen los hábitos de su equipo y los resultados.
¿Por qué el cerebro responde al calendario?
El efecto calendario se basa en una idea simple pero poderosa: tendemos a separar nuestra vida en capítulos. El inicio de un año, un mes, una semana o incluso un lunes actúa como frontera psicológica que nos permite tomar distancia de errores pasados y redefinir nuestra identidad futura. ¿Le suena conocido?
Según la psicología conductual, estas “líneas de corte” reducen la carga emocional asociada al fracaso previo. No es que haya fallado, es que fue “su versión anterior”, y esta separación mental aumenta la motivación y la percepción de control, dos elementos clave para el cambio de comportamiento.
En un entorno empresarial, este mecanismo explica por qué los planes estratégicos, los nuevos objetivos comerciales o los cambios culturales suelen anunciarse en momentos simbólicos: comienzos de año fiscal, nuevos trimestres o lanzamientos clave.
El problema: motivación alta, ejecución débil
El reto aparece cuando la motivación inicial no se traduce en acción sostenida. Estudios recientes muestran que el efecto del nuevo comienzo solo crea una ventana de oportunidad. Si no se acompaña de estructuras claras, la energía inicial se diluye rápidamente.
¿Cómo se manifiesta? En planes ambiciosos sin responsables claros, objetivos genéricos difíciles de medir o cambios culturales sin refuerzos diarios. El resultado es conocido: ese entusiasmo que tenía en enero se transforma en desgaste en marzo.
Tres pasos para convertir el efecto calendario en ventaja competitiva
La clave en este proceso consiste en aprovechar el impulso del “nuevo comienzo” y transformarlo en una estrategia bien diseñada. Para hacerlo de manera efectiva, puede seguir estos pasos:
- Vincular el cambio a identidad, no solo a objetivos. La investigación psicológica indica que los cambios más duraderos no se apoyan solo en metas, sino en identidad. Tiene que incorporarlos a su cultura como empresa y, sobre todo, alinearlos con aquello que son.
- Dividir el gran comienzo en microcomienzos. No basta con enero. Incorpore en esa estrategia ‘mini fresh starts’: inicios de trimestre, de proyecto o incluso de semana. Cada uno refuerza el compromiso sin depender de un único pico motivacional.
- Diseñar sistemas que sustituyan la fuerza de voluntad. Definitivamente, la motivación fluctúa, y es por eso que los cambios deben apoyarse en procesos, automatismos y rutinas. Si el nuevo año trae una nueva estrategia, esta debe traducirse en agendas, indicadores, rituales de seguimiento y decisiones concretas.
El “nuevo comienzo” como herramienta de liderazgo
Desde una perspectiva de liderazgo, el efecto calendario actúa como una palanca que impulsa tanto la productividad como el sentido. En contextos de incertidumbre, ofrecer un nuevo comienzo a su equipo reduce la ansiedad colectiva y refuerza la sensación de avance, incluso cuando el entorno es complejo.
No se trata de que prometa borrón y cuenta nueva, sino de ordenar el cambio: reconocer lo aprendido, cerrar etapas y abrir otras con intención. El calendario no va a transformar su empresa, pero cómo lo use, sí. Comprender la psicología del nuevo comienzo le va a permitir convertir una reacción emocional colectiva en una estrategia consciente. El verdadero valor de enero está en convertir la motivación en estructuras que generen resultados sostenibles.
Al final, los cambios que perduren nacen de la capacidad de su organización para convertir cada comienzo en un hábito de manera estratégica.
Si un cambio depende de la fuerza de voluntad, fallará. Si depende de un sistema, tiene opciones de durar.
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