Las empresas operan hoy en un entorno global donde la geopolítica influye directamente en los resultados económicos. Aranceles, sanciones, restricciones de exportación y medidas regulatorias dejan de ser eventos aislados para convertirse en variables constantes que impactan cadenas de valor, inversiones internacionales y estrategias corporativas. Este cambio exige a los equipos de asuntos corporativos un rol más estratégico, anticipatorio y alineado con los objetivos de negocio. Así lo afirma la consultora McKinsey en su informe «Cómo modernizar los asuntos corporativos para una nueva era geopolítica». Siga leyendo para conocer las acciones que proponen para navegar la nueva geoeconomía.
Un mundo fragmentado que exige respuesta corporativa
Después de décadas de relativa estabilidad geopolítica, la actual fragmentación del orden global coloca a las compañías frente a riesgos que no se pueden ignorar. La política comercial y la inestabilidad geopolítica están entre los principales factores que afectan el crecimiento económico global, aunque en muchas organizaciones estos temas no han alcanzado aún el máximo nivel de prioridad en las agendas de liderazgo.
La proliferación de sanciones —que se ha triplicado desde 2019—, el aumento de controles a la exportación de materias primas estratégicas y la creciente regulación de inversiones exigen a las corporaciones procesos más sofisticados de gestión de riesgo y planificación estratégica. Este contexto redefine riesgos y abre oportunidades para quienes se adapten velozmente.
Geoestrategia como parte del ADN empresarial
Tradicionalmente, los asuntos institucionales estaban asociados a relaciones gubernamentales, comunicación y reputación. Hoy ese campo se expande para incorporar análisis geopolítico profundo y visión estratégica que cruza las fronteras de las funciones operativas. Los líderes corporativos deben entender cómo las políticas públicas afectan su capacidad de operar y competir globalmente.
El gran desafío es doble: manejar los impactos de medidas geoeconómicas y, al mismo tiempo, influir de manera constructiva en la configuración de esas políticas. Esto implica una transformación del rol de los profesionales en asuntos corporativos desde gestores reactivos de crisis hacia agentes proactivos de la estrategia empresarial.
De la visión a la acción: cinco pasos para modernizar capacidades
McKinsey propone un plan de cinco acciones que pueden ayudar a las organizaciones a navegar la nueva geoeconomía.
Mapear el entorno global
El primer paso es entender qué tendencias geopolíticas impactan directamente el negocio. Esto exige cuantificar la exposición y el valor en riesgo bajo distintos escenarios globales. Solo un 9 % de empresas encuestadas realiza este ejercicio con rigor, pese a su creciente importancia.
El análisis ayuda a distinguir entre cambios estructurales (p. ej., fragmentación regional de mercados) y eventos aislados (p. ej., interrupciones temporales de cadenas de suministro). Al hacerlo, las instituciones pueden priorizar recursos y diseñar estrategias robustas ante distintos futuros posibles.


Refinar la narrativa corporativa
La comunicación estratégica es crucial con gobiernos, reguladores y otros actores clave. El enfoque debe ser definir un mensaje claro y contextualizado que muestre cómo la empresa contribuye al desarrollo económico, genera empleo y crea valor social.
La narrativa adaptada culturalmente es especialmente relevante en mercados donde el lenguaje político y las percepciones públicas influyen en decisiones regulatorias.
Optimizar la interacción con stakeholders
No todos los interlocutores tienen el mismo impacto en la formulación de políticas. Por eso, la interacción debe centrarse en niveles y canales de mayor influencia, que pueden incluir agencias regulatorias, líderes sectoriales o gobiernos locales.
Construir relaciones sólidas con estos actores antes de que se necesite su apoyo puede marcar la diferencia entre mitigar riesgos o quedar fuera de decisiones clave.


Integrar la función al negocio
La integración de los equipos de asuntos corporativos con unidades de negocio permite que sus acciones se traduzcan en resultados medibles, como aprobaciones regulatorias más ágiles o mayor resiliencia ante shocks externos.
Además, vincular métricas de desempeño empresarial con indicadores de negocio refuerza su legitimidad estratégica dentro de la organización.
Invertir en nuevas capacidades
Las empresas líderes están ampliando sus capacidades internas en análisis geopolítico y en herramientas tecnológicas avanzadas, incluida la inteligencia artificial para anticipar tendencias y automatizar flujos de trabajo esenciales.
La IA se utiliza para generar campañas de comunicación, sintetizar información de múltiples fuentes y proporcionar insights accionables, pero siempre debe complementarse con juicio humano para interpretar contextos complejos.

Implicaciones prácticas para entidades y política pública
La modernización de los asuntos corporativos para las organizaciones significa mejorar su resiliencia y capacidad de adaptación, pero también generar ventajas competitivas al influir proactivamente en políticas que afectan su sector. Esto puede traducirse en acceso preferencial a mercados, mejores términos regulatorios o percepción pública favorable, según McKinsey.
Por otro lado, para los formuladores de política pública, el cambio implica reconocer a las corporaciones como interlocutores estratégicos que pueden contribuir con información valiosa sobre el impacto económico de las regulaciones, apoyando el diseño de políticas más efectivas y equilibradas.
Mirada hacia adelante
La geoeconomía seguirá evolucionando y los negocios que integren el análisis geopolítico en sus estrategias estarán mejor posicionados para prosperar en un mundo fragmentado. El reto para los líderes es anticipar y moldear el cambio y no solo adaptarse a él.
En esta nueva era, los asuntos corporativos dejan de ser una función de soporte para convertirse en un catalizador de resiliencia y crecimiento estratégico en un entorno global cada vez más complejo.
Le podría interesar: Cuando Bayahíbe habla: evidencia para un nuevo pacto entre empresas, territorio y sostenibilidad.





















