El último informe de proyecciones macroeconómicas del Banco de España anticipa que el país mantendrá un crecimiento económico sostenido, pero más lento, dentro de un escenario mundial que ha ganado algo de estabilidad, aunque no está libre de riesgos.
Los datos demuestran que la patria española crece por encima de la media europea, el empleo sigue mostrando fortaleza y el consumo interno continúa siendo un pilar clave. Sin embargo, los márgenes, los salarios y la inflación de los servicios introducen nuevas tensiones que obligan a una gestión más fina.
Un entorno global más estable, aunque con riesgos
A nivel internacional, la economía ha demostrado una resiliencia mayor a la esperada. Estados Unidos y China han sostenido el crecimiento global, mientras que los acuerdos comerciales recientes han reducido parcialmente las tensiones que marcaron los últimos años. Esta menor incertidumbre ha devuelto algo de previsibilidad a los mercados y a las decisiones empresariales.
No obstante, el informe subraya que los riesgos persisten. La geopolítica, las cadenas de suministro y la volatilidad financiera (especialmente en sectores tecnológicos) siguen siendo factores a vigilar. En este contexto, la inflación global continúa moderándose, aunque más lentamente, con una dinámica desigual entre energía, materias primas y servicios.
Avance europeo con ritmo limitado
El crecimiento en la zona euro se mantiene en terreno positivo, aunque sin grandes aceleraciones. El Banco Central Europeo ha optado por una política de estabilidad, manteniendo los tipos de interés en el 2 %, al considerar que la inflación se sitúa cerca de su objetivo de medio plazo.
Para las empresas, este escenario implica un entorno financiero más predecible, pero también una Europa que crecerá de forma gradual, apoyada en el consumo, la inversión y el gasto público. Es un escenario de avance constante y prudente, más que de expansión rápida.
Dinamismo interno de España como ventaja competitiva
Dentro de este marco, la nación española destaca como una de las economías más dinámicas del área del euro. El crecimiento del PIB se ha apoyado de forma clara en la demanda interna, con un consumo de los hogares que ha superado expectativas y un mercado laboral que continúa generando empleo.
Las proyecciones económicas del Banco de España sitúan el crecimiento del PIB en el 2,9 % en 2025, el 2,2 % en 2026 y el 1,9 % en 2027. Es decir, una senda de desaceleración ordenada. La inflación, por su parte, se moderará progresivamente hasta situarse en niveles cercanos al 2 %, aunque con una presión persistente en los servicios y en los costes salariales, reflejando una fase de consolidación.

Las proyecciones del Banco de España sitúan el crecimiento del PIB en el 2,9 % en 2025, el 2,2 % en 2026 y el 1,9 % en 2027.
Lo que el nuevo ciclo económico español exige a las empresas del país
La estabilidad en el coste del crédito ofrece una ventana de oportunidad para planificar inversiones, refinanciar deuda o mejorar estructuras financieras. Sin embargo, la moderación prevista del crecimiento obliga a priorizar proyectos con retorno claro y a reforzar la eficiencia operativa.
El informe identifica en los salarios y en la inflación de los servicios uno de los principales focos de riesgo. Esto plantea un reto directo a la gestión de márgenes y a la capacidad de las empresas para trasladar costes sin erosionar la demanda. La productividad, la innovación y la diferenciación serán más determinantes que el volumen puro de crecimiento.
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Aunque el análisis se centra en España, sus implicaciones trascienden fronteras. El informe confirma que el país ibérico seguirá siendo un socio económico sólido, tanto como origen de inversión como mercado de referencia.
El buen desempeño de las exportaciones españolas de servicios no turísticos abre oportunidades para alianzas en sectores profesionales, tecnológicos y financieros. Además, una inflación más controlada en Europa reduce la probabilidad de sobresaltos monetarios, favoreciendo relaciones comerciales más estables y previsibles.
La estabilidad relativa de España se convierte en un activo estratégico para empresas con visión internacional en un mundo aún marcado por la incertidumbre.
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